Xavi Carbonell

El poder de una línea, la fuerza del espacio en su mínima expresión y el movimiento contenido en los rasgos más elementales del gesto son herramientas plásticas difíciles de manejar que se resisten al empleo irracional, abusivo o indiscriminado, pero que en las manos precisas de algunos artistas se convierten en el mejor valor del cuadro, cuando este se mueve en el discurso de la abstracción y busca ante todo el equilibrio compositivo ajeno a cualquier barroquismo y libre de narrativas que obligan y constriñen. Ya desde sus primeros trabajos el artista alicantino Xavi Carbonell (Alcoy, 1971) decidió que su voz personal no estaría marcado por esquemas cerrados y complejos, sino por una expresión visual sin trabas de los movimientos de su espíritu; aunque sólo el tiempo logró contenerle la habilidad que ahora posee para resolver sus obres desde una estricta y voluntaria limitación de recursos. Rafael Iglesias Beltrán Revista "SPEJOS"
Xavi Carbonell , showroom Pepe Cabrera
Xavi Carbonell 1, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell 4, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell 5, Pepe Cabrera
Cuadros Xavi 0044, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell CUADROS 0004, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell 6, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell CUADROS 0025, Pepe Cabrera
XAVI 130x130 1, Pepe Cabrera
XAVI 105x105 9, Pepe Cabrera
XAVI 105x105 , Pepe Cabrera
Xavi Carbonell Cuadros _0054, Pepe Cabrera
Xavi carbonell 9, Pepe Cabrera
Xavi Carbonell Cuadros _0038, Pepe Cabrera
XAVI CARBONELL
Una serena complejidad

    Entender la pintura como un espacio para reflexión y la experimentación ha sido una de las claves que ha jalonado la trayectoria de Xavi Carbonell. Desde sus primeras exposiciones a mediados de los años noventa hasta sus últimos trabajos en Nueva York el artista ha sabido construir un lenguaje plástico propio, complejo en su proceso y transparente en su resolución, dotado de un glosario de particularidades tendentes a la depuración de la imagen. Y todo esto en un contexto, el del cambio de siglo, determinado un panorama de inusitada densidad visual donde la práctica pictórica parece haber quedado relegada a un estrato inferior frente a los medios audiovisuales y los soportes digitales. Esta férrea afirmación de la pintura en un escenario difícil para su evolución (asediada por el la ocultación y el decorativismo) ha hecho que, lejos de derivar su trabajo hacia la hibridación de medios, Xavi Carbonell haya decidido reactivarla desde vías expresivas netamente “pictóricas”: dibujo y color como herramientas claves para fijar expresivamente la imagen.


Para los tratados del Renacimiento, el vocablo disegno no aludía simplemente a la idea del dibujo, sino, desde una perspectiva más amplia, al plan intelectual y práctico de realización de las estructuras mentales. Esta exteriorización del concepto a través de la línea llegará a ser dotada de un carácter casi sobrenatural por Federico Zuccari: mediante un anagrama, convertirá el término disegno en segno di Dio (el sino de Dios), es decir, la línea como la raíz misma de la creación. Quedémonos, de momento, en compañía de lo profano y observemos con detenimiento los trabajos de Xavi Carbonell: efectivamente, existe un plan general establecido, un rigor compositivo que no desvela sus cálculos y una eficacia en el trazo como índice de su pensamiento.

Pero el dibujo también descubre en su obra la aplicación eficaz de la gestualidad inconsciente, un modo libre de estampar el torrente de formas que el artista archiva en su pensamiento. Abstracción automática para la elaboración de imágenes significativas; mecanismo para la invención heredero de los métodos azarosos de tradición surrealista pero controlado por la lógica de la propia pintura; hablamos, por tanto, de la combinación activa de orden y espontaneidad que aporta a sus trabajos una frescura que no deriva nunca hacia el desaliño o la confusión. Para Xavi Carbonell, el dibujo no es sólo la prueba de aquello que he visto sino, como expresaba Jean Clair: “también lo que me permite ver, me asegura la posesión, lenta e irresistible, del ver”.


Desde el punto de vista compositivo, esta libertad controlada afirma una imagen coherente pero libre de los códigos reguladores clásicos: el deseo de anular la visión central por medios que no sean el all-over expresionista es logrado mediante una compleja distribución de las formas por el soporte, si bien dicha distribución se encuentra mediada por una exquisita valoración del vacío. De este modo, Xavi Carbonell incorpora lo que no tiene medida, fractura la legibilidad continuad (no es su pintura, de ningún modo, algo narrativo) y, mediante un extraordinario ahorro de recursos expresivos, crea estructuras plásticas independientes que se relacionan por medio de la asociación estética. Por otro lado, en aquellos casos en los que el artista decide centralizar el signo visual y obedecer a coordenadas de equilibrio compositivo, el objetivo final es acentuar el carácter casi totémico, único, del tema plástico.


    La función libre de estos signos que se reparten por la superficie viene determinada por su relativa independencia del color, pues aunque la línea establezca unos límites la mancha no los asume de forma precisa. Esta desconexión evita al dibujo la condena de convertirse en mero contorno, activa la mirada del espectador -dividida entre dos impulsos direccionales próximos pero contradictorios- y estructura el espacio en múltiples niveles. De este modo, el color habla desde su propia identidad (tono, textura, transparencia) sin dejar de coordinarse con el resto de los recursos plásticos.


Estas armonías y desarmonías cromáticas y formales son la culminación de las investigaciones que el artista ha desarrollado en su trabajo de los últimos años. Ante su trabajo más reciente, el espectador se enfrenta con una obra de alta complejidad que, pese a su aparente carácter abstracto, puede conservar la huella del referente figurativo. Esta nunca se revela de manera evidente, ni siquiera cuando el artista nombre a una obra o una serie bajo una palabra reconocible. Así ocurre en sus paisajes de Nueva York, donde no es posible hacer una lectura incontestable de aquello que estamos viendo. Y cuando el artista decida asimilar la morfología de un objeto concreto lo hará traduciendo su perfil a los códigos abstractos que predominan en su discurso. Este hecho no corresponde simplemente a una posición critica por parte de Xavi Carbonell de la pretendida división moderna entre abstracto y figurativo (existe, es cierto, un cuestionamiento de los límites que seccionan el hecho creativo), sino fundamentalmente a un deseo de albergar en su trabajo múltiples horizontes formales y dirigirlos bajo su propia voz. Todos estos recursos hacen de su obra un mosaico rico en mensajes y sugerente en matices, situada en el borde de esa sima que separa, a veces a través de una sutilísima línea, lo bello de lo inquietante.

CARLOS DELGADO


www.xavicarbonell.com