Si tuviera que definir brevemente y de manera concisa la obra del escultor Rafael Carrió, diría que se trata, sin duda, de una armonía de contrarios: verticalidad y horizontalidad, líneas rectas y líneas curvas, materiales tan puros y naturales como la madera al lado del hormigón armado o del hierro. Y, con esta conjunción de elementos antagónicos, el escultor confiere a sus piezas un sublime equilibrio, una sincera serenidad, en definitiva, llega a hacer de sus trabajos, obras armónicas.
(Anna LLopis)